Éste cuento se me ocurrió cuando me encontraba sentado en el cofre de un carro con un amigo. No tenía donde anotarlo así que se lo conté para ver que opinaba y le gustó. Así que la tinta hizo el resto… espero que les sea de su agrado. El cuento se titula “El grito agudo de las casas olvidadas”.
El grito agudo de las casas olvidadas
— Dicen que mató a su esposo.
Dejé de beber bruscamente del refresco, al igual que un conductor busca desesperadamente el freno ante un inminente accidente.
— Lo acuchilló frente a los niños — siguió contando Diego —. Dicen que se hartó de sus llantos que los degolló.
La casa abandonada, todo vecindario tiene una, y todas tienen una historia.
— ¿Estás seguro que hubo un asesinato?
— ¡Claro! — tomó un sorbo de su refresco y procedió a limpiarse la boca con una servilleta — Mi hermana lo ha escuchado también. Tenían dos niños de nuestras edades.
Volví a mirar la casa abandonada. Desde que tengo memoria siempre ha sido eso, nunca habitada por un ser humano.
— José dice que se escuchan gritos por las noches. Quizá la voz agonizante de esos niños.
— No lo creo — mis palabras hicieron que Diego despertara de la especie de trance en la que se encontraba —. Los fantasmas no existen.
Sonrió. Esa era una mala señal.
— Entremos. Sólo así averiguaremos si existen o no.
— No es buena idea, Diego. Ya es muy tarde, mejor regresemos y repartámonos los dulces que hemos ganado hoy.
— No seas gallina.
Aquellas eran las palabras correctas para que mis piernas respondieran hacia un desafío. Diego me conocía muy bien. Entramos por una de las ventanas, el interior era un verdadero desastre. Había telarañas por doquier, correspondencia debajo de la puerta principal y un gran desorden en lo que alguna vez fue una elegante cocina.
— Vayamos arriba — dijo Diego corriendo a las escaleras —. Allá es donde los niños trataron de encerrarse para evitar las locuras de su madre.
Lo seguí, pero a la mitad del camino me detuve. Sentí que alguien me observaba. Miré por todas partes sin obtener éxito alguno por encontrar anomalías. Los fantasmas no existen — ¿o sí?—. Diego se hallaba parado frente a la puerta abierta de una habitación. Estaba inmóvil, quizá desilusionado por no encontrar algo fuera de lo normal allí dentro. Abrí mi boca para llamarlo, pero aquella sombra que se acercaba hacía él me dejó paralizado por completo. Se hincó y le mordió el cuello, Diego siguió inmóvil. Inconscientemente comencé a retirarme lentamente de la escena siendo incapaz de mirar a otra parte. Choqué de espaldas con algo que me impedía avanzar. Alcé mi vista, un señor estaba observándome, su mano trató de agarrarme pero lo esquivé y rodé por las escaleras. Traté de levantarme pero me fue imposible, mis piernas fallaban y un dolor intenso las rodeaba. Me hallé arrastrándome hacia la puerta principal cuando dos sombras obstruyeron la entrada. Una niña con el pelo largo sosteniendo un oso de peluche en mal estado junto a un niño en pijama mostrando sus brillantes dentaduras. Los fantasmas no existen — ¿o sí?—. El niño me tomó del cabello y me suspendió en el aire. Los dientes de la niña perforaron sutilmente mi garganta y segundo a segundo el dolor en mis piernas fue desapareciendo. Antes de cerrar los ojos me repetía una y otra vez la misma frase mental:
















o,o vampiros¡¡¡
Responder
I love Vampires n___n
Responder
jeje son interesantes¡¡¡ ajam¡¡¡ xD
Responder
jeje son interesantes¡¡¡ ajam¡¡¡ xD
Responder
jeje son interesantes¡¡¡ ajam¡¡¡ xD
Responder