LA NIEBLA

Es muy raro que publique cuentos en mi blog el mismo día que los escribo, pero hoy es un día en lo que todo puede ocurrir. Un cuento que disfruté mucho escribiendo y que las ideas salieron muy fácil. Hay que recordar que las cosas olvidadas no siempre lo son así. Como en la mayoría de los cuentos, sugiero mucho y hay personajes con una gran historia que luego expandiré en otros cuentos, toda la mitología dentro de mi cabeza explotará poco a poco. El cuento se titula “LA NIEBLA”.

LA NIEBLA

Lo que estoy a punto de contarte ocurrió hace mucho, mucho tiempo. Mucho antes de que tú nacieras…

Existió un pueblo donde una espesura grisácea cobijaba los alrededores de un pueblo, ninguno de los aldeanos sabía cómo había llegado y, con el paso del tiempo, las preguntas sobre el origen de “la niebla” fueron desvaneciéndose. Ésta los protegía contra los forajidos que intentaban adentrarse en el pueblo, en algunas ocasiones llegaban caballos sin dueño que los cabalgase y, en otras, personas encadenadas. Todos con la misma historia, raptados de un pueblo que ahora era cenizas, con recuerdos vagos al entrar en la espesura de la niebla donde sólo escucharon gritos agonizantes. Poco a poco, el pueblo fue perdiendo su nombre, convirtiéndose en protagonista de cuentos y canciones donde se les refería como “el pueblo de los mil enemigos”. Innumerables ataques se llevaron a cabo sobre el pueblo, terminando todos con el mismo resultado… hasta que una noche todo cambió. El famoso estratega Havden de Ihl se adentró en las entrañas de la gran nube gris disfrazado como un rehén, conducido por dos de sus mejores hombres. Caminaron tres días y dos noches sin éxito alguno de encontrar el pueblo. Al llegar la tercera noche escucharon voces de entre los matorrales y uno de sus hombres perdió el control por completo, mientras el otro trataba de tranquilizarlo con palabras, agarró la daga que portaba en la cintura y terminó su locura cortándose la garganta. Asustado, su compañero desenvainó la espada, esperando a que algo se presentase… y así ocurrió. Un extraño con vestimenta que cubría la mayoría de su cuerpo y una capucha, sin un rostro debajo de ella más que una espesura de tinieblas, apareció frente a ellos caminando sin preocupación mientras que su adversario no daba paso alguno y aceleraba su respiración. Havden observó cómo su hombre tiró la espada con brusquedad y giraba sobre sí. Un grito de intenso dolor acompañó el río de sangre proveniente de los ojos y nariz del soldado de Ihl. Tal escena impactó tanto en el estratega que no percató la llegada del “sin rostro” que señalaba hacia un punto donde la niebla llegaba a su fin. Contempló por un momento la salida sin intenciones de dirigirse hacia ella, esperando inquieto para decir unas palabras, pero al llegar dicho momento, su posible receptor había encaminado ya el regreso a casa. Fue con silenciosos pasos que Havden logró llegar a vislumbrar, sin ser detectado (o así creía el), la choza que albergaba al extraño. Se dirigió sin titubeo alguno a la puerta principal y posó su mano en la perilla, fue en ése momento que todo se silenció y, por primera vez en su entera vida, el estratega escuchó sus pensamientos. Dicen que dentro del torbellino que encerraba dentro de su cabeza se repetía claramente una y otra vez la voz de una doncella que cantaba:

“Inlé dufar, Nek ehara-rah…
Nav Shidar.
Freylu Nova, Revbhon Kha-hav…
Nav Shidar.”

Al recobrar su sentido se encontró en una habitación llena de libros escritos en varios idiomas, un número impresionante de ellos, se dijo a sí mismo que ningún mortal podría llegar a terminar de leer la entera colección. Rodeado por estandartes infinitos, se dirigió al punto medio donde se hallaba una silla y una mesa que albergaba un libro abierto junto a una raíz de parota alimentada por un tintero. Se acercó con cautela y observó lo que en el libro se escribía:

A E I O U
NAV SHIDAR

No halló sentido alguno a lo que leyó, pero el nombre Nav Shidar… éste nombre le recordó los cuentos que escuchó de niño, algo que había olvidado por completo. Escuchó un ruido y con gran agilidad buscó la daga que escondía en su cinturón, sin embargo, ésta vez no encontró nada. Los nervios recorrieron todo su cuerpo y el impulso lo hizo adueñarse del pedazo de raíz. Se ocultó detrás de uno de los libreros y agudizó su oído. El sonido de los pies al chocar con el piso de madera penetraron los tímpanos del estratega, cuyo corazón palpitaba velozmente.

Los pasos cesaron.

Silencio.

Se escuchó cómo se cerraba un libro.

Silencio.

Havden apretó con todas sus fuerzas su pobre arma y salió de su escondite sólo para encontrarse cara a cara, o mejor dicho, cara a vacío con el extraño. Comenzó a dificultársele tomar aire, mientras que su adversario yacía ante él sin movimiento alguno, inmutable como si de una estatua se tratase. Cerró los ojos y una voz penetró en su cabeza susurrándole en el mismo idioma de hace unos momentos:

“Nav Shadir… IZ AN LEX”

Al término de las palabras, el estratega abrió los ojos y clavó ferozmente su arma contra el pecho del “sin rostro”. Un fuerte chillido inundó el cuarto. El extrañó calló seguido por una lluvia de libros y fuertes crujidos de la madera. Havden comprendió que debía abandonar la habitación, pero tal escena era tan impactante que sólo logró retroceder con pasos muy lentos. Al chocar su espalda con la puerta y posar su mano en la perilla, observó cómo crecía un árbol de parota en el pecho del cuerpo inmóvil. Una luz brillante proveniente del árbol lastimó sus ojos. Al recuperar la vista se encontró frente a una enorme parota.

— Señor —dijo alguien a su espalda—, ¿se encuentra bien?

Se trataba de uno de los soldados de Ihl. Detrás de él se encontraba todo el ejército, esperando el regreso del estratega. El soldado lo interrogó sobre el paradero de los dos hombres y el repentino desvanecimiento de la niebla. Havden no dio ninguna respuesta. Después de lo sucedido nadie logró encontrar rastro alguno del “pueblo de los mil enemigos” y, con el paso del tiempo, la gente fue olvidando los cuentos y canciones que hablaban de él.

— ¿Y por qué querían entrar al pueblo, Papá? — La inquietud en el rostro de la pequeña Ilse acentuaba su belleza.

— La gente creía que guardaba un gran tesoro — Hizo una pausa y acarició el cabello de la niña—. Así como el pueblo vecino cree que poseemos grandes riquezas detrás del muro que construimos para alejar los problemas.

Un fuerte sonido de campanas los obligó a fijar sus miradas en la ventana. El padre, que se encontraba al pie de la cama de su hija, ordenó a sus piernas dirigirse hacia esa dirección. La suave mano de Ilse se aferró fuertemente a la suya y, con una sonrisa, decidió que un acompañante en la aventura hacia la ventana no era tan mala idea. A través de ella observaron cómo un gran número de aldeanos ayudaban a que la gran puerta del pueblo resistiese un poco más.

— ¡Mira, papá! — interrumpió con un grito la pequeña al momento que golpeaba su dedo índice contra el vidrio.

Observó en la dirección que Ilse apuntaba. A lo lejos se podía ver cómo una gran nube gris bajaba desde el bosque como si de un río se tratase.

— Bienvenido, Nav Shidar —dijo en voz baja—. El tan famoso ladrón de letras.

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14 Respuestas en “LA NIEBLA”


  1. 0 Fernandita Campos

    sabes algo tu en vez de ser ingeniero te conviene ser un escritor……….


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  2. 0 Fernandita Campos

    ¿cual chango melancolico? tu………..


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  3. 0 Alesli Zaher

    u,u q boniitoop¡¡¡¡¡ oye la niña tenia un bonito nombre…


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  4. 0 Alesli Zaher

    peo no me gusta q ese chando haya escrito melancolico u,u


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  5. 0 Alesli Zaher

    jojo chango*


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  6. 0 Algus Dark

    @Fernandita Campos: Emm… gracias! ¬¬ Te voy a dar un zape en la lonja.

    @Alesli Zaher: El chango melancólico no lo estará por siempre


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  7. 0 Carlos Pérez Gutiérrez

    El chango melancólico que vive bajo mi piel


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  8. 0 Alesli Zaher

    peo no me gusta q ese chando este asi u,u


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  9. 0 Alesli Zaher

    chango* jojo poke me ekivoko creo ya se me olvido hasta como escribir


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  10. 0 Carlos Pérez Gutiérrez

    Pss… así estará hasta que coma bananas de rumania


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  11. 0 Alesli Zaher

    odade¡¡ peo aki hay muchas babanas q saben ricas¡¡


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  12. 0 Carlos Pérez Gutiérrez

    El sabor monótono de las bananas de aquí… terminaron por empalagarle


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  13. 0 Alesli Zaher

    o,O odade¡¡ juju


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  14. 0 Fernandita Campos

    uy si

    hay bye

    no te tengo miedo


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