Mientras el cielo rugía con ferocidad, el escritor no dejaba de observar la mancha de tinta en la hoja de papel. No hay solución alguna, se decía entre ecos de silencio mientras miraba sus dedos marchitos. Desde aquél día no dejaba de pensar, ¿en realidad había sucedido algo ése día? Los hombres que le observaban desde el otro lado del espejo sólo fanfarroneaban de un Guillermo Tell inexistente. Hay cosas más importantes en ésta dimensión, gritó con tal desesperación que de aquél lado del espejo los hombres dejaron de hablar, uno de ellos señaló en dirección a la hoja de papel. El escritor se dirigió con pasos muertos y observó que la tinta había desaparecido, dejando en su lugar sólo lágrimas. Al final, susurraba en voz baja a los ratones que esperaban con ansias un poco de comida, nada tiene importancia si uno es inexistente. Y así, la soga lo estranguló lentamente acompañado por una ola de aplausos provenientes del público ficticio.
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Dime… niña de los mil corazones rotos:
“¿Alguna vez me amaste?”
Te entregué las gotas de alegría que había acumulado a tus brazos,
tú simplemente te alimentaste de ellos y olvidaste por completo mis ojos.
Ahora, soy sólo una parte más del viento, no existo ante tu presencia…
conjuras mi nombre acompañado por una triste caricia del aire al decir adiós.
Porqué las uñas de mis manos dejaron de crecer el momento de tu partida? No lo sé.
Quizá sea por los intensos aullidos de lunas, que bajo el sólido reflejo de gotas estelares se destruye en blanco y negro.
Si, es cierto. El pericarpio de mi corazón olvidó por completo cómo latir en la frecuencia correcta.
Correcta? No se si deba de referirme así.
Pero el encajarte la daga en el lugar equivocado no te ayudará de nada, no importa si te excita ésa posición, simplemente nunca serás feliz.
Escucha el ensordecedor grito de las luciérnagas al apagarse detrás de los párpados del bosque.
Escucha el laberinto de voces que acompañan al mar cuando se despide de la arena.
Escucha amor, escucha con los dedos que besan la piel desnuda del aire por las mañanas.
Escucha aún con la pijama puesta y con el cepillo dental frente a tus ojos.
Hoy es el segundo que se detiene por días.
Moriré, pero mis letras seguirán ahí… esperando vivir entre tus labios.
La soledad entra por la ventana.
“¿Qué?”
Una fuerte lluvia de enfermas palabras te sacude el periódico.
“¿Será posible?”
Te sostienes con una sola mano, la otra no existe, tu cabello se torna gris mientras tu piel comienza a marchitarse.
“Es verdad… la última vez ocurrió así.”
Miras al espejo y un extraño te saluda con una mirada fría. Has olvidado por completo las cosas que en realidad importan.
“Pero… sólo crees a las demás personas”
Si… respondes al invitado que extiende su mano.
Si… pero nunca creíste en ti.
Ayer aprendí a sentir tu alma,
a curar tus miedos,
a caminar em tus labios, paraisos de placeres.
Pero hoy…
hoy aprendí a mentirme y a borrar la verdad.
Nunca exististe.
Si no puedo entender la luz de sus ojos.
o el tiempo en su voz,
ni la edad de sus labios….
Qué me espera en el desayuno?

Si alguien me hubiese dicho: “vas a escribir un post acerca de Lost en tu blog”. Sin duda alguna le hubiese respondido que estaba loco. Hoy sería el día en que le diría que tenía toda la razón y que Jacob había estado siempre bajo la sombra de la estatua…
Tomé un poco de aquella bebida extraña, cuya etiqueta permaneció en blanco. Un poco de elíxir para marinos, dije para mis adentros, quizá esto me ayude a aclarar un poco más mis ideas y el menguante de mis ojos desvanezcan gracias a los sonidos con los que bauticé aquellos silencios infernales.
Las horas consiguieron permanecer intactas al delicado movimiento de las manecillas del reloj, con la misma gracia que una mariposa destruye universos por aleteo a media noche. Extasiado por los suaves rocíos de las lunas artificiales, decidí aclarar y desempolvar el ritmo que acariciaba sutilmente mi interior.
“¡Feliz Navidad!”, dije al fin a mis acompañantes decembrinos. Por desgracia, todos yacían inertes ante mis pies. Una vez más, el elíxir para marinos me había otorgado un día más de inmortalidad.
Su rostro estaba cubierto por un extraño cartel.
Se acercó a mí sin ninguna preocupación.
¿Deseas una vida sencilla?, fue lo que me preguntó.
Tomó mi mano y me enseñó lo que había creado.
Miré el mundo a través de su extraño cartel.
Es así como todo a mí alrededor creció y pereció.
Regálame una sonrisa, dijo, y yo lo hice.
El agua refleja mi sonrisa, pero no mis ojos.
No los necesitas, recitó, usa tu mente.
Nubes, montañas y diversidad de elementos sonreían.
Éste mundo no es perfecto, pues no ha conocido el dolor.
Un dulce aroma me atrapaba e incitaba a seguir ahí.
Pero mi corazón escuchaba un sonido que lo impedía.
El ser humano comete errores por naturaleza.
Y es así como tomé una decisión errónea.
Extraño tus visitas nocturnas al pie de mi ventana,
las caricias de tus labios en mi piel desnuda
y el sonido de tu voz que calman mis sueños.
Las noches sin ti son eternas,
mar oscuro que cubre mi cuerpo
y logra destruirme segundo a segundo.
Dame una respuesta aunque me dé miedo,
quiero entender la luz que proyectas
y volver a sentir tu piel.
Desearía despertar en tu superficie,
perderme junto a ti
y olvidarme de la gravedad.
Atrápame
una vez más
en tu órbita
L
U
N
A
R
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