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El 28, 29 y 30

“That’s one small step for a man,

one giant leap for mankind”

Neil Armstrong

El despertar de un mañana soleado, pero de un ambiente fresco, fue la manera de saludar por parte de Guadalajara al cosmonauta extranjero, escuchando cómo el reloj digital marcaba los tic’s tac’s imaginarios imprimidos en su retina con unos y ceros. Varios saltos gravitacionales lo situaron ante las puertas de su nueva odisea con las letras gigantes donde cada pequeño paso que daba lo acercaba cada vez más al tan esperado reto con el cual había estado preparándose en el pasado, pero nada lo había preparado para el nerviosismo que lo rodeaba silencioso para los transeúntes. Maravillado por encontrarse en un hábitat mucho más amplio que el de su origen, el cosmonauta hace acto de presencia y recibe ante sus manos un test que lo situará en un nuevo dilema a resolver…

<< El examen incluía preguntas sobre Linux (sin conocimiento alguno), Shell (what is that?), C++ (Mi fuerte es la lógica pero nunca antes había programado en C++) e inglés (Peace of cake). Conforme a mis conocimientos rodeados en las respuestas establecidas, pasé a formar parte del proyecto WRF (Weather Research and Forecasting) y máquinas virtuales. Un proyecto interesante que sirve para predecir el tiempo y pronóstico del clima bajo ambiente Linux, el programa WRF requiere de mucha potencia y es por eso que se virtualizará Linux, es decir, simularemos un ambiente Linux aumentando así su hardware por medio del software >>

Las primeras dos lunas en la estación fueron dedicadas al estudio complicado de la maquinaria a utilizar en la estancia del cosmonauta, una ardua investigación en diferentes idiomas lo han llevado a comprender poco a poco el uso complejo de las herramientas. Las horas se detienen y es así como puede conocer a los demás tripulantes que llevan consigo el mismo propósito que él…

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El prólogo de un cosmonauta

A la hora de mi partida de Lázaro Cárdenas, muchas cosas quedaron suspendidas en los hilos del tiempo. Las risas quedaron atrapadas en un eco infinito en las esquinas del patio y la ciudad de los focos muertos se despidió de mi con los destellos que las estrellas guardan para las personas que tienen el tiempo suficiente para admirarlas. Sabía que moriría virtualmente, me alejaría de los mensajeros instantáneos y volvería a aquellos tiempos en los que es difícil encontrarme por las razones de una vida suspendida llena de caminos escondidos. Una vez más, el inquilino que vive en la luna.

El llegar a una nueva ciudad fue para mi, como para la de la mayoría de las personas, una experiencia que uno jamás olvidará, por un lado están todas las voces de las personas que te apoyan en éstos nuevos pasos y siguen los sonidos que haz creado en el nuevo ambiente al que te enfrentas.

Guadalajara es una ciudad en donde el tiempo es algo valioso, todo el mundo está en constante movimiento y no tiene tiempo para muchas cosas. Adaptarme a las costumbres, los camiones con timbres y las estaciones de trenes es una de las partes interesantes en el paso de los días. Quizá lo más sorprendente de mi llegada ha sido la gran diferencia que existe entre la gente y la infraestructura, donde nosotros medimos la distancia en cuadras y los tapatíos lo hacen en tiempo.

Decidí escribir mi vida en Guadalajara, no como una bitácora formal, si no una odisea al puro estilo que me identifica, sin embargo, quise iniciar con un prólogo más estructurado.

Es aquí donde inician mis aventuras…